
Museo Interactivo Vitruvio (MIVI), una experiencia difícil de encasillar en una definición tradicional; no es solamente un museo, ni un parque temático, ni una instalación artística: es un recorrido sensorial, educativo y simbólico que combina arte reciclado, naturaleza, sonido y reflexión sobre la vida.
El MIVI se presenta como una experiencia que desafía las categorías tradicionales. Entre el arte reciclado, el sonido, el cuerpo humano y la reflexión sobre la vida, propone “un recorrido donde cada visitante construye su propia interpretación. No hay dos experiencias iguales; cada uno transita su propio viaje”, afirma Adriana Perla, su creadora.
Entre esculturas construidas con cubiertas de automóviles, botellas, CDs y materiales reutilizados, la figura del Hombre de Vitruvio se transforma en una obra viva que invita a ser recorrida y escuchada.
El pasado 29 de abril fueron presentadas las obras que allí se realizaron a través del proyecto del Fondo DTI de la Intendencia de Montevideo, un fondo orientado a promover Destinos Turísticos Inteligentes, el cual ganaron. La propuesta fue seleccionada y permitió consolidar una nueva etapa del museo, que posibilitó mejoras en difusión, imagen visual, desarrollo sonoro y articulación.
Uno de los rasgos más distintivos del Museo Vitruvio es su carácter inmersivo. El visitante no solo observa: atraviesa experiencias.
Un laberinto que representa el cerebro humano se recorre con música y una narración que nos guía hasta llegar al centro y luego obliga a desandar el camino. Más adelante, un antiguo ómnibus se transforma en un corazón que late y es el lugar ideal para salón de charlas y reflexión. “Es impresionante la sensación que provoca subir y sentir ese latido de corazón”, describe uno de los visitantes que participó de la experiencia.
El sonido es una parte esencial del recorrido. El museo “ahora habla”, como lo definen quienes trabajan en su desarrollo. El latido del corazón, las ambientaciones y los relatos sonoros construyen una dimensión que no es visual, sino corporal y emocional.
“Lo que hicimos fue hacer sonar al Vitruvio. El sonido llega por canales distintos a lo visual y eso toca otras partes de nuestro ser”, explica Javier Von Sanden, responsable de incorporar sonoridad al Hombre de Vitruvio.
El MIVI es un espacio que invita a pensar qué humanidad queremos construir, desde una mirada que combina educación, arte, conciencia ambiental y cuidado personal.
Perla: “Construí algo sin conciencia de a lo que podría llegar”
En anteriores ediciones de LA PRENSA DE LA ZONA OESTE compartíamos una extensa nota sobre la historia de este museo que nació de una idea que fue creciendo en el tiempo en una chacra de Punta Espinillo, donde vive su impulsora, la médica Adriana Perla. Su recorrido personal, su formación académica y su experiencia clínica se entrelazan con una propuesta artística y educativa que fue tomando forma de manera impensada.
Uno de los mayores desafíos del proyecto ha sido explicar qué es Museo Interactivo Vitruvio sin haberlo vivido. “Es como cuando uno dice: vení al cine… y te preguntan qué es el cine. Hasta que no lo vivís, no lo entendés”, plantea Perla como metáfora para describir esa dificultad.
La propuesta del MIVI se apoya en una idea central: el cuerpo humano como espacio de conocimiento anatómico y filosófico. En el recorrido, conceptos de anatomía y funcionamiento del organismo se transforman en experiencias lúdicas y sensoriales, las cuales cada visitante vive de forma distinta. Ese tipo de experiencias refuerza la dimensión educativa del proyecto, que no se basa en la transmisión tradicional del conocimiento, sino en la vivencia directa.
Un proyecto que crece y se profesionaliza
El fondo recibido de Destinos de Turismo Inteligente (DTI) permitió consolidar una nueva etapa del museo. Según su impulsora, los recursos otorgaron, “estructura al proyecto y posibilitaron avanzar en su profesionalización”. Se desarrolló identidad visual, contenidos educativos, materiales audiovisuales y se fortaleció el trabajo de guías y equipos educativos, incluyendo maestras que acompañan las visitas.
Además, el museo fue incorporando una lógica de trabajo más institucional, participando en instancias como el Mes de los Museos y consolidándose como un espacio de referencia dentro de nuevas modalidades de museo al aire libre.
“Me sentí empoderada. Ahora soy museo”, expresó Adriana Perla, su creadora, al referirse al proceso de reconocimiento institucional.
Más allá de su dimensión artística o turística, el Museo Vitruvio propone una reflexión profunda sobre la relación entre el ser humano y la vida.
Las conocidas “4R” del reciclaje se amplían en el proyecto. “Yo le agrego tres R más”, dijo Perla: “reflexión, respeto y responsabilidad”.
MIVI no es un proyecto cerrado; es un espacio en evolución constante, que se transforma con cada visita, cada intervención y cada nueva incorporación.
“Es un desarrollo recursivo, en ciclos, que crece y se alimenta a sí mismo”, describen quienes trabajan en su construcción.
Esa lógica de crecimiento permanente es parte de su identidad: “un museo que no solo se recorre, sino que también se construye con quienes lo habitan”.
“Vitruvio es un ser humano para mostrar que lo que está en el centro, es la vida”, resume su impulsora.
