La visita del embajador de España a la zona oeste tuvo detrás una historia nacida casi como una ilusión colectiva de la murga de adultas mayores “Las Sin Nombre”, del barrio Cabaña Anaya. Lo que comenzó como un anhelo compartido terminó generando un vínculo directo con la embajada y una experiencia que las integrantes describen como profundamente movilizadora.
La murga nació en mayo de 2023, impulsada desde el trabajo barrial y comunitario.
Según relató Niria Bentos, una de sus integrantes, el grupo comenzó a formarse junto a otras vecinas y rápidamente se convirtió en mucho más que una propuesta artística.
“Para todas ha sido una terapia”, expresó. “Hay compañeras que cambiaron muchísimo desde que empezaron. Una incluso dice que dejó de hacer terapia cuando entró a la murga”. La idea de un intercambio cultural con España surgió inicialmente entre conversaciones y bromas internas, aunque pocas imaginaban que llegarían a tener con tacto con la embajada española. “Más allá de si se concreta o no el viaje, ya fue importantísimo que nos respondieran y poder hacernos conocer”, comentó.
El antecedente más cercano fue un intercambio cultural realizado en Buenos Aires, donde actuaron junto a una murga argentina. Para financiar actividades y futuros proyectos, las integrantes organizan ventas de ropa, artesanías, rifas y bingos, generando un fondo común entre todas.
Sobre la recorrida junto al embajador, Bentos destacó especialmente la cercanía y calidez demostrada durante toda la jornada. “Uno piensa que frente a un embajador capaz se va a sentir cohibido, pero él no hizo sentir eso en ningún momento. Fue muy agradable”, señaló.
La visita, prevista inicialmente para unas tres horas, terminó extendiéndose durante buena parte del día. Para las integrantes de “Las Sin Nombre”, eso fue una señal clara del interés genuino que despertó el recorrido por la zona oeste.
El vínculo incluso podría tener un nuevo capítulo. Durante la recorrida, el padre del embajador comentó su interés por aprender a tomar mate, por lo que surgió la idea de invitarlo a una jornada en Cabaña Anaya para compartir una tarde con la murga, escuchar canciones y disfrutar de una ronda de mates y tortas fritas. Aunque la recorrida original no pudo incluir al barrio por cuestiones de tiempo, las integrantes esperan concretar próximamente ese encuentro más íntimo y comunitario que, aseguran, representa el verdadero espíritu del grupo