Destacado arquero de Liverpool y con un pasaje por Peñarol, entre otros equipos, Ernesto Guerrini falleció el pasado 29 de junio a los 84 años, dejando un legado deportivo y humano que permanece vivo en la memoria de familiares, amigos e instituciones que marcaron su vida. Nacido y criado en Paso de la Arena, Ernesto Guerrini pasó sus primeros 25 años en Camino Cibils, donde compartió la vida de barrio junto a su familia y vecinos. Vivía en el número 6230 de esa histórica arteria y, tras contraer matrimonio con Marta, madre de sus hijas, se radicó en el Cerro.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre sencillo, profundamente querido e integrado a la comunidad.
Su historia con el fútbol comenzó en el lugar donde siempre estuvieron sus afectos: el Club Huracán de Paso de la Arena. Fue socio fundador Nº 4 de la institución y allí dio sus primeros pasos como arquero, iniciando una carrera que lo llevaría al fútbol profesional.
Entre los recuerdos que más disfrutaba compartir estaba el de su debut en el Estadio Centenario. Ocurrió en 1957, cuando Huracán F.C. disputó el encuentro preliminar del partido internacional entre Nacional y el Dinamo de Moscú, en una temporada de verano. Aquella
jornada quedó grabada para siempre en su memoria porque pudo conocer de cerca al legendario arquero soviético Lev Yashin, más conocido como: “La Araña Negra”, a quien consideraba el mejor guardameta de todos los tiempos. Mientras construía su carrera deportiva, Guerrini también desarrolló su actividad laboral.
Trabajó durante varios años en el Banco Español Interterritorial del Uruguay y, tras el cierre de la institución, se dedicó al comercio con un reparto de cigarrillos.
Su trayectoria futbolística incluyó pasajes por Wanderers y Peñarol, aunque fue en Liverpool Fútbol Club donde escribió las páginas más importantes de su carrera.
Entre 1964 y 1968 “El Loco”, como apodaron los hinchas, defendió el arco negriazul de manera ininterrumpida, convirtiéndose en uno de los referentes del equipo y estableciendo un récord histórico de 90 partidos oficiales consecutivos por el Campeonato Uruguayo. Integró además el plantel que logró el ascenso de Liverpool a Primera División, dejando una marca que aún hoy es recordada por la institución.
En 1969 pasó a Peñarol, donde disputó diez encuentros oficiales y compartió plantel con figuras de la época, siendo suplente del inolvidable Ladislao Mazurkiewicz. Más allá de los logros deportivos, quienes compartieron aquellos años en Liverpool recuerdan especialmente su profesionalismo. Mientras mantenía su trabajo como funcionario bancario, aprovechaba cada mañana para entrenar por su cuenta antes de cumplir con sus obligaciones laborales.
Esa dedicación, sumada a su calidad humana, hizo que su figura permaneciera en el recuerdo de generaciones de hinchas negriazules.
Como escribió un socio de Liverpool en redes sociales al despedirlo: “Gran profesional y mejor persona. Un lugar grato en el recuerdo de los viejos negriazules.”
Pero para Paso de la Arena, Ernesto nunca dejó de ser aquel muchacho de Camino Cibils que llegaba corriendo con su inseparable pelota para reunirse con los amigos del barrio. El mismo que, aún cuando el fútbol lo llevó a escenarios como el EstadioCentenario, conservó
intacta la sencillez de sus orígenes y que siempre que podía se daba una vuelta por su querido “Hura”.